Feeds:
Entradas
Comentarios

Llevo un par de días pensando en los hobbies que voy descubriendo cuando cambio de país de residencia (dicho así parece que soy una importante diplomática que ha vivido en ochenta países diferentes).

Pues bien, ayer reflexionaba sobre mi nueva afición a la jardinería; he llenado la casa de plantas en este año y medio que llevamos en Costa Rica,  y siento que casi es una adicción porque cada vez que pasamos por algún vivero no me puedo resistir a entrar. Acabo de contar 21 plantas, incluyendo el romero, la hierbabuena y la albahaca.

Me imagino que las aficiones surgen también en función del tipo de vida que se lleve o la edad que se tenga. En Berlín tenía 25 años y me enganché a la fotografía, pero hay que tener en cuenta que era una ciudad habitable, fotogénica, que invitaba a estar casi todo el tiempo en la calle, a pesar de los 18 grados bajo cero que llegué a pasar un invierno; ahora tengo casi 30, vivo en un caos urbanístico (si se puede hablar de urbanismo) bastante desagradable donde no saco nunca la cámara y que me pide a gritos quedarme en casa. Por lo tanto, el hogar es un lugar propicio para sustituir la fotografía por el cuidado de las plantas.

En Cuba desempolvé mi cámara (que no usaba desde antes de Navidad) y pensé qué tipo de hobbie habría descubierto allí, en un lugar tan especial y cargado de tantas cosas…Me vine con la promesa de intentar, con todas mis ganas, conseguir un trabajo en la isla para poder descifrar todas las dudas que me traje de vuelta.

               

el esperado destino

Mañana volamos a Cuba.

No vamos con las maletas llenas de productos de higiene para un año entero y sabemos que no vamos a vivir en La Habana; hace ya un año y medio que el consulado cubano nos denegó el visado para poder trabajar allí a pesar de tener la beca concedida y una preadmisión de Naciones Unidas.

Pero en fin, después de asumir que “no estaba pa nosotros” y haber disfrutado de otro país estupendo durante este tiempo, vamos a sacarnos la espinita o a hacer la herida más grande, ya veremos. Estoy supernerviosa, con muchas ganas de estar allí y con una especie de angustia por la casicerteza de saber que me va a encantar.

No he escrito desde que volví de Navidad porque no tengo tiempo. Estos cuatro meses han sido trabajo, trabajo y trabajo. ¡Por eso nos van a sentar tan bien estas vacaciones! Lo más relevante de este tiempo se puede resumir rápidamente:

-Aprendemos mucho. No nos damos cuenta, pero nuestro “público” nos reconoce el esfuerzo e incluso nos felicitan de vez en cuando. Vamos superando nuestros fantasmas y mejoramos un poco: en mi caso, hablo mejor delante de la gente y me voy enterando de cómo funcionan algunas cosas. Hace poco un chico me dijo después de una presentación que me veía mucho “más suelta” que hace un año (el pobre es constante y viene a las reuniones desde entonces) y que ya lo hacía mucho mejor. Gracias, muchacho. En el caso de Javi, ya se suelta unas parrafadas elegantes y es cada vez más popular entre politiquillos y sociedad civil. Habrá que controlar que no se contamine ni se mezcle demasiado con ciertas personas…

-Ya me gusta la papaya. Al principio me resistía, pero ahora me he hecho adicta.

-La temporada seca se ha terminado y sólo he ido a la playa 3 fines de semana de 14 posibles. Una caca.

-He renunciado a cultivar rúcula en mi casa. Se me mueren todos los brotes.

-El otro día una señora me dijo que tenía pinta de ser muy intelectual (!). La conversación había empezado muy bien (salvo esa valoración de dudosa veracidad), contándome que los pobres nicaragüenses no tienen la culpa de todos los problemas del país, que son buena gente, pero después me contó que admiraba a Franco, que recordaba el día que murió, que es más republicana que demócrata (Obama para nada, Bush sí que era bueno), que en el fondo cuando das a todo el mundo lo mismo (justificando una dictadura) la gente se pelea menos y se tiene a todo el mundo mucho más controlado, etc. A lo que voy: aguanté como una campeona, me mostré muy respetuosa (como si trabajase en un organismo internacional que no puede posicionarse políticamente) y descubrí que, en estos cuatro meses, sí he ganado un poco en diplomacia. Aunque es cierto que la señora notó mi sarpullido porque me dijo que no pasaba nada porque no estuviéramos de acuerdo 🙂

-Me apunté a bailes populares, descubrí que soy una magnífica bailarina, un diamante en bruto, a las cuatro clases la profesora tuvo que marcharse a Estados Unidos a cuidar de una hermana enferma, se acabó mi futuro prometedor y la única actividad con la que movía un poco el culo de la silla se esfumó. Echo de menos el baile, la verdad. Fueron cuatro clases muy intensas.

Ese es el resumen de estos cuatro meses.

A la vuelta de Cuba más.

 

 

¡Necesitaba un cambio de aires!

¡A ver si  este nuevo blog me obliga a manteneros actualizados!